¿Quién fue Mary Anning?
Fue la primera paleontóloga reconocida como tal. Además de ser paleontóloga, fue una coleccionista y comerciante de fósiles inglesa, conocida en todo el mundo por sus importantes hallazgos de los lechos marinos del período Jurásico. Su trabajo científico contribuyó a que se dieran cambios fundamentales a principios del siglo xix en la manera de entender la vida prehistórica y la historia de la Tierra.
Sus hallazgos más destacados son el primer esqueleto de ictiosauro en ser identificado correctamente, los primeros dos esqueletos de plesiosauros en ser encontrados, el primer esqueleto de pterosaurio encontrado fuera de Alemania y algunos fósiles de peces importantes. Sus observaciones tuvieron un papel importante en el descubrimiento de que los fósiles de belemnites contienen sacos de tinta fosilizada y de que los coprolitos, conocidos como piedras bezoar en esa época, son heces fosilizadas. Su obra fue fundamental en los cambios que ocurrieron a principios del siglo xix en las ideas científicas sobre la vida prehistórica y la historia de la Tierra.
El sexo y la clase social de Anning —sus padres eran disidentes (protestantes no anglicanos) de clase baja— fueron razones por las que se le impidió participar completamente en la comunidad científica británica de principios de siglo xix, dominada por caballeros ricos anglicanos, y de que no fuera citada en absoluto en sus contribuciones

El comienzo increíble de la vida de Mary Anning
En 1800, cuando tenía 15 meses de edad, se produjo un acontecimiento extraordinario. Anning se encontraba en los brazos de una vecina, Elizabeth Haskings, junto con dos amigas bajo un olmo viendo un espectáculo al aire libre, cuando un rayo cayó sobre el árbol. Las tres mujeres fallecieron en el acto, pero el resto de espectadores se dieron cuenta de que la niña estaba aún con vida y la llevaron rápidamente a casa. Un médico local consideró su supervivencia como milagrosa y durante años los miembros de su comunidad atribuirían la curiosidad, inteligencia y viva personalidad de la niña con el incidente.

Era una mujer con mucha fuerza.
Mary solia encontrar sus fósiles en unos acantilados peligrosamente inestables, sobre todo en invierno cuando la lluvia en ocasiones ocasiona corrimientos de tierra que dejaban a la vista nuevos fósiles, lo cual a veces atraía a nuevos coleccionistas. En una ocasión, Anning a duras penas logró evitar morir a causa de un deslizamiento de tierras que sí mató a su perro, Tray, su compañero durante varios años mientras ella recogía los fósiles. En un artículo de 1823 del Bristol Mirror sobre la compra de un esqueleto de ictiosauro encontrado por Anning para el Bristol Institute, que pronto abriría sus puertas, incluía la siguiente reseña sobre su obra:

Aprendió a leer y estudiar sola
La educación de Anning era muy limitada. Aprendió a leer durante los domingos gracias a la iglesia congregacional y los textos que leyó durante su niñez eran en su mayor parte escritos religiosos de los llamados disidentes, es decir no anglicanos. Sin embargo, con el fin de aprender lo máximo posible sobre fósiles, Mary leía tanta literatura científica como era capaz de obtener. A menudo copiaba a mano laboriosamente artículos que tomaba prestado de otros.
Un historiador que había examinado una copia que hizo de un artículo de 1824 de William Conybeare sobre fósiles de reptiles marinos subraya que la copia incluía varias páginas de detalladas ilustraciones técnicas que eran difíciles de diferenciar del original. También diseccionaba animales modernos como peces y sepias para entender mejor la anatomía de los fósiles con los que trabajaba.
Conforme el tiempo pasaba, su confianza sobre su conocimiento crecía y en 1839 se tomó el tiempo de escribir al Magazine of Natural History para poner en duda la afirmación de que un fósil que había sido encontrado recientemente del tiburón prehistórico Hybodus representaba un nuevo género, dado que ella había descubierto muchos años antes la existencia de tiburones fósiles tanto con dientes rectos como con forma de gancho. El extracto de la carta que la revista imprimió sería el único escrito que Anning vio publicado en su vida.

Considerada como una intrusa
Al ser una mujer de clase trabajadora, Anning siempre sería considerada como una intrusa para la comunidad científica. En esa época a las mujeres de Gran Bretaña no se les permitía votar (ni a los hombres de clase obrera que eran demasiado pobres para cumplir con el requisito de tener propiedades), ocupar cargos públicos o asistir a la universidad, y la recientemente formada, pero cada vez más influyente Sociedad Geológica no permitía siquiera a las mujeres asistir a las reuniones en calidad de invitados, y mucho menos convertirse en miembros.
Aunque Anning sabía más sobre fósiles y geología que la mayoría de hombres paleontólogos a los que vendía, eran sólo estos señores los que publicaban la descripción científica de los especímenes que ella encontró, a menudo negándose a mencionar su nombre. Con el tiempo, esto provocó que se sintiera cada vez más contrariada. Más tarde, una joven que a veces la acompañaba mientras ella recogía, escribió:
Impacto y llegado
Considerados en conjunto, los hallazgos de Mary Anning se convirtieron en piezas clave para demostrar el fenómeno de la extinción. Georges Cuvier había tratado la realidad de la extinción a finales de la década de 1790 sobre la base de su análisis de fósiles de mamíferos como mamuts. Sin embargo, hasta principios de la década de 1820, muchos científicos creían que los animales no se extinguieron en parte porque creían que la extinción supondría que la creación de Dios habría resultado ser imperfecta, cualquier rareza encontrada era explicada como perteneciente a animales que todavía vivirían en algún lugar de una región inexplorada de la Tierra. La extraña naturaleza de los fósiles encontrados por Anning, algunos, como el plesiosauro, tan diferente a cualquier criatura viviente conocida, supuso un punto importante en contra de esta idea.
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