La verdadera historia de Drácula

El novelista irlandés Abraham (Bram) Stoker, en 1897, dió a luz la novela Drácula, en la cual realzó los matices del vampirismo y la cual pasó a ser una obra literaria transmitida a través de los años. Es una historia ficticia basada, según algunas fuentes, en el personaje real del príncipe rumano , Vlad Țepeș.

Vlad III (reinó entre 1428/1431 y 1476/1477), fue conocido como Vlad el Empalador. (« Țep » en rumano significa palo) o Vlad Drácul (« dracul » en rumanoi significa « el diablo, el demonio o también el dragón »). Contrario a la historia de Stoker, él no fue nunca príncipe de Transilvania sino de Valaquia (la parte sur de la Rumanía de hoy).  Sí que nació en Transilvania, en la ciudad medieval de Sighișoara pero no vivió siempre allí. 

Vlad y su hermano menor, Radu, estuvieron como rehenes en el Imperio otomano en 1442 para asegurar la lealtad de su padre y la vitalidad de Rumanía.

Los principios de su reinado, las circunstancias y la fecha del regreso de Vlad a Valaquia son inciertas. Invadió el principado con el apoyo imperial de los húngaros.  Su sede principal era Targoviste, una de las primeras capitales de Rumanía antes de que Bucarest fuera. Hizo varias incursiones en Transilvania por motivos de conquista o comerciales, o por alianza con el Imperio Húngaro y Austriaco. 

Se rindió famoso por su deseo de acabar rendirse al imperio otomán de aquellos tiempos, por varias derrotas del ejercito otomano, siempre dejando atrás un «bosque de empalados» —miles de estacas con los cadáveres de las personas ejecutadas.

Sin embargo después de varias batallas y sobre todo intrigas y traiciones de parte de sus propios nobles  Vlad pierde el trono. Busca el apoyo de los húngaros que otra vez lo traicionan.

 

Vlad molestaba mucho a la nobleza. Era un príncipe autoritario más que sanguinario, que trató de disminuir la influencia de los boyardos, pero también de los otomanos en los asuntos internos de Valaquia. Muchos aspectos de su vida seguían siendo un misterio, incluso para los especialistas.

Y su muerte es probablemente la página más oscura de la biografía del gran voivoda. No se sabe con certeza cómo murió Vlad Tepeş, ni siquiera el lugar donde fue enterrado. Sin embargo, existen diferentes hipótesis, algunas realistas, otras francamente fantasiosas. 

A finales del siglo siglo XV adquirieron gran popularidad los libros que relataban sus actos de crueldad, convirtiéndose en algunos de los primeros superventas en Europa. En Rusia, las historias populares sugirieron que Vlad pudo fortalecer el gobierno central sólo mediante la aplicación de castigos brutales, y la mayoría de los historiadores rumanos adoptaron una opinión similar en el siglo XIX.

Las historias sobre los actos brutales de Vlad comenzaron e inspiraron también el legado papal, Nicolás de Modruš, que ya había escrito sobre tales historias al Papa Pío II en 1462.​ Dos años más tarde, el papa las incluyó en sus Comentarios.

A pesar de las crónicas alemanas, eslavas y otomanas sobre Vlad el Empalador, las fuentes históricas rumanas anteriores al siglo XIX apenas lo mencionan. La escasez de fuentes documentales eran compensadas por una rica tradición folclórica que lo retrataba como un líder justo y fuerte que restableció el orden en su país y defendió su independencia del Imperio otomano.​  Está considerado uno de los gobernantes más importantes de la historia de Valaquia y a pesar de su crueldad es considerado héroe nacional de Rumanía.

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